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jueves, 1 de abril de 2010

LLEGA EL BUEN TIEMPO Y CON ÉL LA ASTENIA PRIMAVERAL



Una de cada diez personas sufre, en mayor o menor medida, astenia primaveral.
Astenia es una palabra de origen griego que significa debilidad.
La astenia primaveral es un trastorno estacional que surge con la llegada del buen tiempo y se caracteriza por una sensación de falta de vitalidad generalizada y cansancio que no remite al descansar.
No se conocen con exactitud las causas que la producen pero podríamos decir que se debe a una mala adaptación de nuestro organismo a la serie de cambios que supone la primavera: aumento de la temperatura, de la intensidad lumínica, de las horas de sol, variaciones en los niveles de humedad y presión atmosférica... Todos estos factores nos afectan. Por ello los síntomas de la astenia primaveral oscilan desde unos días a unas semanas, puesto que es lo que tarda el cuerpo en modificar sus ritmos biológicos. Dado que el cerebro es muy sensible a las variaciones climáticas y horarias todos acusamos estos cambios, aunque de distinto modo: mientras algunas personas los asimilan con facilidad y rapidez, otras sufren un proceso de adaptación más lento o difícil, que se convierte en una astenia cuando se manifiesta en un grado leve y puede llegar a una depresión cuando la gravedad es mayor.


Existen dos tipos de astenia primaveral: de origen físico que se suele manifestar a través de cansancio y debilitamiento corporal, y de origen nervioso que se caracteriza porque la persona muestra un especial cansancio a la hora de realizar alguna actividad mental.

Síntomas
-Falta de apetito.
-Tensión arterial baja.
-Dolor de cabeza y malestar general.
-Fatiga muscular (cansancio con esfuerzos mínimos).

-Fatiga intelectual (dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, lentitud mental).
-Disminución de la vitalidad sin manifestaciones de depresión.
-Estado apático y melancólico.
-Dolor errático (dolores musculares, cervicales, cefaleas...).
-Alteraciones leves en el sueño y/o somnolencia.
-Pérdida de la libido o apetito sexual.
-Mareos, náuseas, malestar estomacal.
-Cambios de humor, irritabilidad, apatía y tristeza sin motivo aparente.
-Dificultad para la concentración y sensación de hacer un esfuerzo enorme para llevar a cabo actividades que normalmente no lo requieren.


Algunos consejos
-Dormir todo el tiempo necesario.
-Practicar ejercicios de relajación.
-Hacer ejercicio.
-Seguir una alimentación a base de alimentos energéticos: dátiles, frutos secos, plátanos, legumbres, pastas, chocolate.

-Reducir la ingesta de alimentos y/o bebidas excitantes.
-Disminuir el ritmo de vida
-Aumentar el tiempo dedicado al ocio


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